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Que un niño se mueva mucho, se distraiga o conteste antes de tiempo forma parte de la infancia. El problema aparece cuando esas conductas son mucho más intensas que en otros niños de su edad, se repiten en casa y en el colegio y empiezan a afectar a sus notas, a sus amistades y a su autoestima.
En este artículo se explica qué es el TDAH en niños, cómo se manifiesta en cada etapa, cómo distinguirlo de un comportamiento propio de la edad y qué pueden hacer la familia y la escuela.
El TDAH en niños es un trastorno del neurodesarrollo que se manifiesta con dificultades persistentes para mantener la atención, controlar los impulsos y regular el nivel de actividad. Es uno de los trastornos más frecuentes de la infancia: se estima que afecta en torno al 5 % de los niños en edad escolar.
No tiene que ver con la inteligencia ni con una mala educación. Un niño con TDAH sabe lo que tiene que hacer, pero le cuesta mucho más que a sus compañeros hacerlo en el momento adecuado y mantenerlo en el tiempo. Si quieres una visión general del trastorno, puedes leer qué es el TDAH.
Antes de los seis años predomina la hiperactividad: no para quieto, corre o trepa en situaciones que no lo permiten, cambia de juego constantemente y le cuesta esperar. A esta edad muchos de estos comportamientos son normales, por lo que el diagnóstico se hace con especial cautela.
Es la etapa en la que se detectan la mayoría de los casos, porque el colegio empieza a exigir atención sostenida y autonomía. Suele observarse lo siguiente:
La hiperactividad motora disminuye, pero persisten la desorganización, la dificultad para planificar el estudio y la impulsividad. Son frecuentes la bajada del rendimiento académico, los conflictos en casa y una autoestima resentida tras años de reproches.
No todos los niños inquietos o despistados tienen TDAH. Los profesionales valoran cuatro aspectos antes de plantear el diagnóstico:
También se tiene en cuenta la edad relativa: los niños nacidos a final de año son los más pequeños de su clase y pueden parecer más inmaduros que sus compañeros sin que exista ningún trastorno.
El TDAH se diagnostica con más frecuencia en niños que en niñas. Una parte de esa diferencia se debe a que en ellas es más habitual la presentación con predominio de inatención: niñas que no molestan en clase, pero que se pierden en las explicaciones, tardan mucho en hacer los deberes y pasan desapercibidas. Conviene tenerlo presente para no retrasar la valoración.
El primer paso suele ser el pediatra, que puede derivar a un especialista. El diagnóstico se basa en la entrevista con la familia, la información del colegio, cuestionarios para padres y profesores y la observación del niño. No existe una prueba médica que lo confirme.
La evaluación neuropsicológica infantil completa el proceso: mide la atención, la memoria de trabajo, las funciones ejecutivas y la capacidad intelectual, y permite detectar dificultades asociadas, como la dislexia. Encontrarás el proceso detallado en el artículo sobre diagnóstico y tratamiento del TDAH.
El apoyo del entorno es una parte central del tratamiento. Algunas pautas que suelen recomendarse:
Los programas de entrenamiento para padres son una de las intervenciones con mejor respaldo, sobre todo en los niños más pequeños.
Merece la pena pedir una valoración cuando las dificultades se mantienen curso tras curso, el colegio transmite su preocupación o el niño empieza a sentirse incapaz. Detectarlo pronto permite adaptar la enseñanza y proteger su autoestima.
En el centro Dentyclass de Sant Gervasi, el servicio de neuropsicología en Barcelona realiza evaluaciones de neuropsicología infantil.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario.
